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CANTONERAS, RAMERAS, RUFIANES Y TASQUEROS (Antonio Envid)




A medida que surgen las ciudades, la prostitución, por motivos higiénicos, sociales y fiscales, es tempranamente regulada. Las ordenanzas medievales sobre su ejercicio se prolongaran largamente hasta el siglo XVII sin apenas cambios notables en lo esencial: mancebías autorizadas en lugares acotados, licencia para ejercer la prostitución a mujeres abandonadas o huérfanas sin arraigo familiar en la sociedad, etc., sin embargo, ayer como hoy, es un esfuerzo inútil poner reglas y límites a este oficio tan antiguo y que precisa de tan pocos medios para practicarlo, de modo que su ejercicio en las “tasqueras”, como se denominaba a las tabernas en germanía[7], fue generalizado en todo tiempo. En las tabernas de la época romana ya hay testimonios de ese comercio.

Que sirvientas y fregonas ofrecían sus servicios carnales a los huéspedes de mesones y ventas era público y notorio, de modo que las maritornes y rameras[8] son personajes habituales de la novela picaresca. En las tabernas esas mismas “fregatrices” y mozas sacarían unas blancas[9] extras con su cuerpo para redondear su mísero salario, cuando no eran explotadas por el propio tabernero. (“Un mozo de servicio, trabajando en una venta, recibe diariamente 15 reales de plata, mientras que una moza, trabajando en un mesón, gana mensualmente 3 reales de plata”, nos informa López Beltrán, Mª T.) Todo un comercio sexual clandestino a despecho de las ordenanzas municipales, que ante las quejas de los explotadores de las mancebías, que pagaban un canon al municipio por la autorización, prohibían, en vano, la apertura de hostales y tabernas cerca de las casa de tolerancia y trataban de regular sus horarios.


Antonio Envid Miñana



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[7] Según Corominas, “tasquera” es la acción de espadar el lino y por similitud del ruido que produce al golpear el lino se comenzó a utilizar “tasquera” como sinónimo de pendencia y riña, evolucionando a “tasca” con la acepción de taberna.

[8] Según Covarrubias prestaban sus servicios en chozas cubiertas de ramas, de donde “se dixeron rameras”. En general se piensa que su nombre proviene del ramo que como distintivo ponían en la puerta de sus casas. También las bodegas colgaban una rama de pino para anunciar el vino nuevo, práctica que todavía se sigue en Mallorca.
[9] Blanca, moneda de poco valor. En tiempos de Felipe II dos blancas equivalían a un maravedí. Por su escaso valor “estar sin blanca” significaba pobreza.


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